El cartero tocó un martes cualquiera con un sobre amarillento en la mano. ‘Estaba traspapelado en una oficina vieja que cerró’, se disculpó. La fecha del matasellos era de cuarenta años atrás.
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La carta era para mi abuela, ya fallecida. La escribía un hombre desde el extranjero, contándole que había llegado bien, que la esperaba, que juntara sus cosas y viajara para casarse con él como habían prometido.
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